21 nov. 2009 1:19 p. m.

Nakuru

Aún así y después de dormir una noche en las entrañas de este parque rodeados por búfalos cafres (especie predominante aquí), debemos reconocer la gran biodiversidad del mismo y la gran importancia que para el África oriental tiene todo este área.
Sorprendidos ante la figura placentera de los rinocerontes blancos y negros, también de centenares de gacelas, antílopes, facoceros, con sus crías y en las madrigueras, chacales y diferentes tipos de águilas.

Pero la reina de nuestros mejores momentos ha sido la hiena manchada. Las hemos visto deambular alrededor de nuestras tiendas, pero lo más impresionante es comprobar su fortaleza física atravesando los barrizales del salar que protegen la mina de agua del lago Nakuru en busca de algún joven polluelo de flamenco. Este mamífero que tiene tan mala fama y al que en algunas regiones se le conoce como la terrible Fisi, a todos nos ha parecido un animal bello, poderoso y hasta elegante.


Nakuru está sufriendo, como toda Kenia, una gran sequía y esto hace que haya descendido el número de flamencos y que incluso se haya dispersado a lo largo de las aguas del lago. Hemos encontrado muchos cadáveres de flamenco conservados por la sal y aún sabiendo que este hecho forma parte de la imprescindible selección natural nos entristece y nuestros prismáticos se han dirigido a las decenas de estas miles de aves que con el rosa de su plumaje han escrito esa mañana una página multicolor más del ilustrado libro del lago Nakuru.



Próxima parada: La Reserva de Maasai Mara. Lugar privilegiado para seguir disfrutando la gran variedad de maravillas que nos ofrece la naturaleza salvaje.

Durante el camino hacia Maasai Mara los preciosos niños keniatas nos hacen mas llevadero el viaje. A pesar de sus condiciones de vida, nos regalan siempre una sonrisa y mil saludos esperando tan solo como recompensa nuestro saludo y nuestras sonrisas. El pan alimenta, pero cuando este se hace difícil el cariño de la vida de estas criaturas.

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