22 nov. 2009 1:21 p. m.

El Mara Maasai

Amanece, que no es poco y lo primero que hace nuestra expedición es entrar en contacto con un poblado Maasai para conocer su particular estilo de vida: son pastoralistas, nómadas y con un sentimiento muy acentuado del territorio en el que vivieron sus antepasados y aún hoy siguen desarrollando sus vidas. Los poblados a los que dan el nombre de Many ata están formados por una muralla de espino de acacia de forma circular que les protege a ellos y a los animales de los ataques de los leones. Y en su interior las casas construidas con excrementos de vaca a modo de adobe africano que se enmascara totalmente con el paisaje .
Cantos de bienvenida, explicaciones de todo tipo, miradas curiosas y de complicidad entre nosotros y ellos, los reyes de Maasai Mara. Fue un inicio de jornada inolvidable…

Pero solo fue el principio. Una vez entramos en este paraíso de Maasai Mara avistamos los primeros Ñues, lo cual nos llenó de satisfacción pues en esta fechas pensábamos que en gran numero se habrían marchado al Serenguetti (Tanzania). Pero no fue así. En gran número estos antílopes cortaron el camino a nuestro paso mezclándose con cebras, elefantes, antílopes y jirafas. Pero esto so estábamos expectantes de encontrarnos con algún gran felino. Y el príncipe de la sabana apareció. Se le notaba satisfecho tras una buena comida y dispuesto a hacer una buena digestión a tenor de la tripa que se le observaba. El guepardo. Gran atleta de estas latitudes era hoy más que nunca un animal plácido en sus horas de sesteo.

Después llegó Simba, aportándonos una escena que gente conocedor de esta reserva reconoce como extraordinaria. Un grupo de 17 ejemplares, casi todas hembras, daban cuenta a su manera y de forma organizada de un recental de búfalo cafre al que se le observaban las llamativas heridas por donde le llegó la muerte. Mientras los leones comían, rodeado de insectos, nosotros les observábamos a unos escasos 15 metros de distancia desde el techo de nuestro camión.



Después como a 10 minutos del lugar dos machos de melena rubia descansaban entre la vegetación como si con ellos no fuera la cosa, pero entendimos que formaban parte del clan familiar.
Misión cumplida, el León ya forma parte de las especies que hemos avistado en esta expedición en honor a Félix.


Esta Reserva merece todo el respeto por la variedad de especie la calidad de sus poblaciones y el enorme territorio protegido a disposición de todas ellas, sin que el hombre intervenga. No hemos podido evitar recordar aquellas palabras de Félix que decían: “Queridos amigos, que contento estoy de poder compartir estas aventuras en el Mara Maasai”.

Y la lluvia entró en escena. De manera precipitada tuvimos que instalar nuestras tiendas durante una tormenta rigurosa que traía tanta agua como incertidumbre por que la noche nos alcanzaba. Inolvidables horas en la oscuridad y a la luz de nuestros candiles de queroseno. Las hienas entonando en la noche su melancólica sonata y los leones retándose bajo las nubes negras.


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